Durante mucho tiempo se pensó en el cerebro adulto como una estructura prácticamente
fija. Hoy sabemos que esa imagen es incorrecta. El cerebro conserva durante toda la vida
la capacidad de modificar sus conexiones, reorganizar determinadas redes y adaptarse
a nuevas experiencias.
Esta capacidad se denomina neuroplasticidad y depende de numerosos
mecanismos celulares y moleculares. Entre ellos destaca una proteína que ha despertado
un enorme interés en neurociencias: el
BDNF (Brain-Derived Neurotrophic Factor), conocido en español como
factor neurotrófico derivado del cerebro.
El BDNF no es una proteína que “rejuvenezca” literalmente el cerebro ni una molécula
milagrosa. Sin embargo, participa en procesos esenciales para que las neuronas
sobrevivan, funcionen adecuadamente y modifiquen la fuerza de sus conexiones.
¿Qué es el BDNF?
El BDNF pertenece a una familia de proteínas conocidas como
neurotrofinas. Estas moléculas intervienen en el desarrollo,
mantenimiento y funcionamiento del sistema nervioso.
En el cerebro, el BDNF participa en la supervivencia neuronal y en mecanismos que
permiten modificar las conexiones entre neuronas. Una de sus acciones más estudiadas
se produce a través del receptor TrkB, cuya activación pone en marcha
diferentes vías celulares relacionadas con la plasticidad sináptica.
Esta plasticidad es fundamental porque aprender algo nuevo implica, precisamente,
modificar la forma en que determinadas neuronas se comunican entre sí.
¿Por qué es importante el BDNF para el cerebro?
El interés científico por esta proteína se debe a que interviene en varios procesos
centrales para el funcionamiento del sistema nervioso.
- Favorece mecanismos relacionados con la supervivencia neuronal.
- Participa en la plasticidad de las conexiones sinápticas.
- Interviene en determinados procesos de aprendizaje y memoria.
- Contribuye a la capacidad del sistema nervioso para responder a estímulos y experiencias.
- Participa en mecanismos celulares relacionados con la adaptación cerebral.
- Se ha estudiado ampliamente en relación con envejecimiento y enfermedades neurológicas.
Una de las regiones en las que esta relación resulta particularmente interesante es
el hipocampo, una estructura cerebral esencial para determinados
tipos de memoria y aprendizaje.
BDNF, aprendizaje y memoria: ¿qué relación existe?
Para formar un recuerdo, el cerebro necesita modificar la comunicación entre determinadas
neuronas. Esta capacidad de aumentar, disminuir o reorganizar la eficacia de las conexiones
recibe el nombre de plasticidad sináptica.
El BDNF interviene en algunas de las vías moleculares asociadas con estos cambios,
razón por la cual se ha convertido en una de las moléculas más estudiadas al investigar
cómo aprende el cerebro.
Incluso se ha observado en adultos mayores una asociación entre el aumento periférico
de BDNF después del ejercicio y determinados procesos de aprendizaje realizados
posteriormente.
Ejercicio y BDNF: una de las relaciones mejor estudiadas
Una de las líneas de investigación más sólidas sobre el BDNF tiene que ver con
la actividad física.
Diferentes ensayos clínicos, revisiones sistemáticas y metaanálisis han encontrado
que el ejercicio puede provocar aumentos en las concentraciones periféricas de BDNF.
Esto se ha observado tanto después de sesiones individuales de ejercicio como,
en determinados grupos, después de programas de entrenamiento mantenidos en el tiempo.
En adultos mayores, por ejemplo, un metaanálisis de ensayos clínicos publicado en
2025 encontró aumentos significativos del BDNF en reposo después de programas de
ejercicio, con resultados observados tanto con ejercicio aeróbico como con entrenamiento
de fuerza y programas combinados.
Esto ayuda a comprender por qué la actividad física no debe considerarse únicamente
una estrategia para fortalecer músculos, corazón y metabolismo.
El ejercicio también genera una respuesta biológica en el sistema nervioso.
¿Qué tipo de ejercicio puede aumentar el BDNF?
No existe una única modalidad que pueda recomendarse como “la mejor” para todas las
personas. La respuesta depende de la edad, estado de salud, intensidad, duración,
frecuencia y condición física previa.
Ejercicio aeróbico
Caminar a buen ritmo, correr, nadar, pedalear o realizar entrenamiento cardiovascular
son algunas de las actividades más estudiadas.
Además de su posible relación con el BDNF, el ejercicio aeróbico beneficia factores
cardiovasculares y metabólicos que son fundamentales para mantener la salud cerebral.
Entrenamiento de fuerza
Las pesas, los ejercicios contra resistencia y el entrenamiento funcional también
forman parte de las estrategias que han mostrado efectos favorables sobre diferentes
marcadores relacionados con la salud cerebral.
Entrenamiento interválico de alta intensidad o HIIT
El HIIT ha despertado especial interés. Metaanálisis realizados en adultos han
encontrado que puede producir un incremento agudo importante del BDNF periférico.
Sin embargo, esto no significa que todas las personas deban realizar ejercicio de
alta intensidad. La actividad debe adaptarse a la capacidad física y al estado
cardiovascular de cada individuo.
Especialmente en personas mayores, sedentarias o con enfermedades cardiovasculares,
neurológicas o metabólicas, es recomendable individualizar el programa de ejercicio.
BDNF y envejecimiento cerebral: el cerebro sigue siendo plástico
Envejecer produce cambios biológicos en el cerebro. Con el paso de los años pueden
modificarse la velocidad de procesamiento, determinados tipos de memoria y diferentes
sistemas neuronales.
Pero envejecimiento cerebral no significa inevitablemente deterioro cognitivo.
Una de las observaciones más importantes de la neurociencia contemporánea es que
el cerebro conserva una notable capacidad de adaptación incluso durante la edad adulta
avanzada.
El ejercicio regular se ha asociado con cambios favorables en la función cerebral,
salud vascular y, en algunos estudios, estructura del hipocampo. En un conocido ensayo
clínico realizado en adultos mayores, el entrenamiento aeróbico se asoció con un
incremento del volumen del hipocampo anterior y una mejoría de la memoria espacial.
El BDNF probablemente representa solamente una pieza dentro de esta respuesta mucho
más compleja.
El ejercicio también modifica la circulación, el metabolismo, la sensibilidad a la
insulina, la inflamación, el sueño, el estado de ánimo y numerosos sistemas moleculares
que pueden influir sobre el cerebro.
¿Aumentar el BDNF puede prevenir el Alzheimer?
Esta es una de las preguntas que exige mayor cautela.
En modelos experimentales existen resultados interesantes que relacionan ejercicio,
señalización de BDNF, plasticidad neuronal y mecanismos implicados en enfermedades
neurodegenerativas.
Sin embargo, actualmente no puede afirmarse que aumentar el BDNF prevenga,
detenga o cure la enfermedad de Alzheimer.
Tampoco existe una intervención clínica cuyo objetivo sea simplemente “subir el BDNF”
para evitar una demencia.
Lo que sí cuenta con respaldo científico es una estrategia mucho más amplia:
reducir los factores de riesgo modificables relacionados con el deterioro cognitivo
y mantener un estilo de vida favorable para la salud cerebral.
Las recomendaciones internacionales actuales incluyen entre estos factores la
actividad física, el control de la hipertensión y la diabetes, evitar el tabaquismo,
mantener una vida social activa y abordar otros factores cardiovasculares,
metabólicos y ambientales.
El BDNF puede participar en algunos de los mecanismos mediante los cuales determinadas
intervenciones producen beneficios, pero no debemos confundir un mecanismo biológico
con un tratamiento específico contra el Alzheimer.
Entonces, ¿qué podemos hacer para favorecer la neuroplasticidad?
Si el objetivo es cuidar el cerebro, resulta más útil pensar en hábitos globales que
intentar aumentar una molécula aislada.
1. Mantenerse físicamente activo
Es la intervención relacionada con BDNF que cuenta con una de las bases científicas
más consistentes en humanos.
La combinación de actividad aeróbica, ejercicio de fuerza y reducción del sedentarismo
aporta beneficios que van mucho más allá de un único marcador biológico.
2. Seguir aprendiendo
Aprender un idioma, estudiar, tocar un instrumento, enfrentarse a tareas nuevas o
adquirir nuevas habilidades obliga al cerebro a utilizar y reorganizar circuitos
neuronales.
El beneficio no consiste necesariamente en “subir el BDNF”, sino en mantener activo
uno de los motores fundamentales de la plasticidad cerebral: la experiencia.
3. Dormir adecuadamente
Durante el sueño ocurren procesos fundamentales para la consolidación de recuerdos,
regulación metabólica y funcionamiento cerebral.
Una estrategia de salud cerebral que ignore la calidad del sueño sería necesariamente
incompleta.
4. Proteger la salud cardiovascular
Cerebro y sistema cardiovascular están profundamente relacionados.
Hipertensión, diabetes, tabaquismo, obesidad, sedentarismo y alteraciones metabólicas
pueden influir en el riesgo cerebrovascular y cognitivo a largo plazo.
5. Mantener actividad social y cognitiva
Conversar, compartir experiencias, aprender y participar en actividades significativas
proporciona al cerebro estímulos mucho más complejos de lo que aparentemente parece.
¿Tiene sentido medir el BDNF en sangre para saber si el cerebro está sano?
Actualmente, no.
Este es uno de los puntos que con más frecuencia se simplifican al hablar de esta proteína.
El BDNF que puede medirse en sangre periférica no equivale directamente a la cantidad
de BDNF presente o activa en el cerebro. Existen diferencias entre BDNF sérico,
plasmático y cerebral, y su relación es biológicamente compleja.
De hecho, investigaciones que han comparado moléculas medidas en sangre con su
correspondiente concentración cerebral no han encontrado una correlación suficientemente
consistente para utilizar el BDNF periférico como una medida directa de lo que sucede
dentro del cerebro.
Por ello, hoy no es correcto interpretar:
“Tengo un BDNF alto, por lo tanto mi cerebro está joven y sano”.
No existe actualmente un valor sanguíneo de BDNF utilizado de manera rutinaria
en la práctica clínica como un índice de juventud cerebral.
La verdadera enseñanza del BDNF es más interesante que una molécula milagrosa
La investigación sobre el BDNF nos recuerda algo mucho más importante:
el cerebro continúa respondiendo a nuestra actividad y a nuestras experiencias
durante toda la vida.
Movernos, aprender, dormir adecuadamente, proteger nuestra salud cardiovascular y
mantenernos mental y socialmente activos no garantizan que nunca aparezca una
enfermedad neurológica.
Pero sí crean un entorno biológico más favorable para la salud del cerebro.
Entre las múltiples respuestas que se producen cuando hacemos ejercicio se encuentra
la modificación de factores neurotróficos como el BDNF.
Y esa conexión entre movimiento, plasticidad cerebral, aprendizaje y
envejecimiento representa una de las áreas más fascinantes de la neurociencia
actual.
Preguntas frecuentes sobre el BDNF
¿Qué significa BDNF?
Son las siglas de Brain-Derived Neurotrophic Factor, traducido al español
como factor neurotrófico derivado del cerebro. Es una proteína implicada en procesos
relacionados con la supervivencia neuronal y la plasticidad sináptica.
¿El ejercicio aumenta el BDNF?
Diversos estudios y metaanálisis indican que el ejercicio puede aumentar las
concentraciones periféricas de BDNF. La magnitud y duración de esta respuesta dependen
del tipo de ejercicio, intensidad, duración y características individuales.
¿Qué ejercicio aumenta más el BDNF?
El ejercicio aeróbico, el entrenamiento de fuerza y el HIIT han mostrado efectos
favorables. Algunos estudios encuentran aumentos agudos importantes después del
ejercicio de alta intensidad, pero todavía no existe una dosis universal que pueda
considerarse óptima para todas las personas.
¿El BDNF mejora la memoria?
El BDNF participa en mecanismos celulares implicados en la plasticidad sináptica,
el aprendizaje y la memoria. Esto no significa que aumentar artificialmente sus
niveles garantice una mejor memoria.
¿El BDNF previene el Alzheimer?
No existe evidencia suficiente para afirmar que aumentar el BDNF por sí solo pueda
prevenir o tratar la enfermedad de Alzheimer. La actividad física sí forma parte de
las estrategias generales recomendadas para reducir factores modificables asociados
con el deterioro cognitivo.
¿Se puede medir el BDNF mediante un análisis de sangre?
Puede medirse con fines de investigación, pero sus niveles sanguíneos no representan
directamente la cantidad de BDNF existente en el cerebro y actualmente no se utilizan
de forma rutinaria como un marcador clínico de salud o juventud cerebral.
Referencias científicas seleccionadas
-
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on peripheral brain-derived neurotrophic factor in adults: a systematic review
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